Me resisto a llamarlo megajuicio. Y no porque no crea que sea una
grandiosa oportunidad para demostrar que la justicia puede existir, no es que no valore lo trascendental que es para el país que se pueda
establecer la responsabiliadad política en casos de violación a los DD.HH
y la sanción más estricta en casos de corrupción. Es por simpre afán de no alimentar el show mediático que al principio se armara ante este juicio.
Show del que es responsable el acusado por el célebre “Soy inocente” que siguió al “Aquí mando yo” del doctor César San Martín
Esto hace ya más de tres meses. Desde entonces mucha agua ha corrido por el río y muchos testigos han pasado por el banquillo. Desde el “inexistente” Santiago Martín Rivas, hasta Gustavo Gorriti, pasando por casi todos los agentes del que en vida fuera el Grupo Colina, jefes del SIE, SIN y reputados periodistas de investigación. Todos ellos han expuesto lo mejor de su repertorio, donde los pro fujimoristas y los antifujimoristas, siempre encuentran de que agarrarse.
Una mirada simplista puede decir que “es la palabra de unos contra la de otros.” Sin embargo, a quien me dijo eso hace pocos días, le respondo: No, no es tan sencillo. Hay pruebas y testigos de que existió una matanza en Barrios Altos y que murieron estudiantes inocentes en la Universidad La Cantuta, a manos de un grupo armado. Eso es contundente. Por otro lado, es imposible que se haya fabricado una historia tan exacta como la de La Cantuta, y se haya obligado a mentir a todo un destacamento. Si bien es cierto que en este juicio salen a la luz muchas contradicciones sobre la memoria, por parte de todos los involucrados, es cierto también que más son los acuerdos que los desacuerdos entre los diversos testimonios que involucran a “las más altas esferas”.
Como pasa el tiempo (Y también los argumentos)
El argumento de la defensa lo destruye la misma defensa, al caer en una probada contradicción y confirmar lo dicho por Keiko Fujimori (que es innegable que Colina existió). Así tiran al tacho y quitan toda credibilidad a uno de sus testigos importantes: Santiago Martin Rivas (entre otros). Entonces, si le quitan credibilidad a su testigo…¿cuál es su defensa? La manoseada estrategia del buen tonto es imposible de creer. En ese sentido, concuerdo con algo que hace unos meses se dijo en el tercer piso: deberían hacerle caso al director del diario La Razón, Uri Ben Schmuel, (y a Mefistófeles):
¿Y qué es lo que debería decir Fujimori en vez de “no me acuerdo” o “desconozco”, dando así la impresión, además, que trata de lavarse las manos tirando la pelota a los militares de los cuales era su comandante supremo? Debería decir: “Sepan todos que muchos países democráticos tienen grupos especiales para neutralizar terroristas. Las eliminaciones selectivas no son violaciones a los derechos humanos sino por el contrario un medio eficaz y moral que permite al Estado defenderse de quienes quieren sembrar la muerte y la destrucción.
Es decir, me quedo con que no debería hacerse el tercio y reconocer que esa fue parte de su estrategia, no necesariamente planeada por él, pero aceptada y avalada. Y se equivocó. ¿Los resultados de las acciones del Grupo Colina fueron trascendentales para la lucha contra el terrorismo? No, en lo más mínimo, al contrario. Mostraron lo bien que podían ejecutar, pero con un pésimo trabajo de inteligencia de por medio. El Grupo Colina no desactivó la cúpula de Sendero, no atrapó a Abimael Guzmán, y no estuvo (como grupo) en zonas de emergencía, dónde casi siempre era imposible diferenciar quien es quien y donde salvar el pellejo era la consigna (ojo, esto no justifica masacres como la de Cayara o Accomarcca, etc.).
Hay algo que he ido confirmando en cuanto avanza el juicio: la lucha contra el terrorismo siguió caminos inciertos, y las medidas tomadas no fueron, precisamente, las más adecuadas. El Estado, sus representantes, en nombre de la institucionalidad no pueden responder con medidas pasionales, ni bajo un código de Hammurabi mal aplicado, sino de manera inteligente, programática, respetando y preservando la vida del inocente. Como se desprende de una inteligente editorial de Augusto Álvarez Rodrich: el orden público no puedee ser un valor supremo al que se subordina, incluso, a la vida humana.
Fujimori tiene que responder por estos y otros errores garrafales cometidos bajo su mando (o su comando), pues cada vez es más obvio que si un grupo como Colina, no escapó ni a la prensa ni a murmullos de oficina en el Pentagonito, tampoco ha podido escapar del conocimiento de todos los altos mandos, sobre todo después de la dichosa felicitación presidencial, prueba tan contundente como el video de Jara y Martin Rivas, diga lo que diga este último. A menos que todos los altos mandos sean, como diría Alan García, unos soberanos idiotas.
¿Cuestiones de popularidad?
Justamente, el presidente García acaba de declarar en Japón, que reconoce los méritos del gobierno de Fujimori, como eliminar la inflación - en la que él nos dejó sumergidos - y luchar contra el terrorismo (con discutibles tácticas). En el colmo de la franelería declaró que “somos un país que ha dejado que un japonés sea su presidente. Esto prueba que Perú tiene confianza en Japón”. Si esa declaración le sube los puntos en Japón, ¿se los bajará en el Perú?
Declaración tan desatinada como la de Jorge Del Castillo, nuestro amnésico Primer Ministro - que el día de su testimonio en el juicio dio muestras de una prodigiosa memoria que le hizo falta en el caso Pandolfi - quien respondió al pedido de observadores internacionales, sobre la necesidad de emitir el juicio en el señal abierta, con la sentencia “dependerá del rating”, pues probablemente la gente preferiría ver un noticiero a esa hora. ¿Será? ¿Ya hicieron su estudio de mercado, o qué? no pecaré de maliciosa… sólo estaremos atentos. Pero déjeme decirle, humildemente, señor Del Castillo, que hay mucha más gente interesada, de la que usted y su cuestionable imaginación, podrían contar.
Para ver el juicio por internet, Terra.tv
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