La noticia del día: cayó Jesús Sosa. El último de los Colinas que aun estaba libre. También conocido como Kerosene, por ser experto en calcinar cadáveres y desaparecer gente. Fuente principal de Ricardo Uceda en su libro Muerte en el Pentagonito. En fin, uno de los hombres más buscados del país, que con una lógica casi senderista hizo y deshizo la vida de decenas de personas.

Este señor que hoy gritó frente a cámaras que Fujimori es inocente y que su trabajo fue defender al Estado, tendrá que explicar como defendá al Estado asesinando y cremando a cientos de en el complicado territorio ayacuchano. Lo primero que debe reconocer Sosa es que hizo un muy mal trabajo de inteligencia. Es decir. Según la definición de Servicio de Inteligencia, el trabajo de éste consiste en “esencialmente, obtener información para contribuir a salvaguardar los intereses del Estado, su integridad y su seguridad territorial”, y no en asesinar gente en interrogatorios.

Algunas interrogantes:

- ¿Por qué justo ahora, en pleno juicio a Fujimori, aparece Sosa, casi gritando a voz en cuello (casi al igual que el acusado) que el ex presidente es inocente, que no sabía absolutamente nada del Grupo Colina? ¿Tiene alguna forma de demostrarlo? Sinceramente, muero por escuchar sus argumentos para defender este punto.

- ¿O es que estamos siendo demasiado mal pensados, o es que Sosa tenía que caer si o si por estas fechas?

- ¿Por qué Sosa se mostraba tan relajado frente a las cámaras? Si es cierto lo que dijo hoy Rosa María en su programa, y Sosa pedía dinero a cambio de una declaración, ¿se le podría estr ofreciendo algo a cambio de su testimonio? Apunte: el fiscal Peláez ha dicho que Sosa testificará en el juicio a Fujimori, a pesar de que el tiempo para la pertinente presentación de testigos ha pasado.

Sosa, el del Pentagonito

Una frase del libro de Uceda que me retumba hasta hoy en la cabeza, es la que se ubica como descripción de una foto de Sosa, donde dice “Jesús Sosa, cuando todavía no había matado a nadie“. Cuenta la historia que hace 25 años, cuando el Perú se encontraba más fragmentado, desequilibrado y caótico que ahora, Jesús Sosa fue destacado a Ayacucho. Según su propia versión (otra vez me remito al libro), ahí empezó su carrera de cremador. Y el resto es historia conocida.

Escuchar a Sosa diciendo “yo he peleado por mi país”, es un argumenteo que ya hemos escuchado antes, un millón de veces. Sin embargo, algo que los procesados escucharan un millón de veces más, es que nada justifica sacrificar la vida de inocentes. Colina en pleno no contribuyó para nada al proceso de pacificación, ni a la derrota del terrorismo. Sosa, con su trabajo en Ayacucho, en la zona más complicada del conflicto en ese entonces, con sus métodos tampoco. Es cierto que la consigna era dispara o te disparan. Pero Sosa no tenía por qué dispararle a tanta gente inocente.

Ojo, con esto no quiero con este comentario justificar los asesinatos de ninguna índole, sólo que sería imposible no reconocer el complicado contexto al que se enfrentaron las FF.AA, sin dejar de reconocer tampoco que la reacción de muchos (como Sosa) fue terriblemente equivocada. Errores mortales.
El país está escribiendo uno de sus capítulos más importantes en cuanto a justicia y en cuanto al enriquecimiento de nuestraa memoria histórica. ¿Cómo se come eso? Bueno, es algo que tenemos que aprender. Por el momento, con suspicacias o no de por medio, la caida de Sosa y sus posteriores declaraciones, nos llaman a estar atentos al desarrollo de los acontecimientos.

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